La temperatura húmeda corresponde al valor de la temperatura al entrar en contacto con el agua en estado líquido.

En función de los valores de temperatura y de presión, el aire puede retener una cantidad mayor o menor de vapor de agua, lo que forma la humedad del aire.

Por la noche, al bajar la temperatura, también disminuye la capacidad de retención del aire. Si el aire está saturado de agua, se alcanza el punto de rocío, y el vapor de agua se convierte en líquido.

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Esta liberación de agua líquida contribuye a disminuir aún más la temperatura del entorno. Por tanto, resulta fundamental realizar un seguimiento de la temperatura húmeda, especialmente en lo que respecta a la prevención y a la protección frente a las heladas, ya que permite anticipar la temperatura mínima que puede alcanzarse.

En lo que respecta a la protección contra las heladas por aspersión, si la higrometría es inferior al 100 %, el agua rociada contribuirá, en un primer momento, a la saturación del aire de agua y a la disminución de la temperatura de las plantas hasta llegar a la temperatura húmeda. A continuación, la aspersión del agua permitirá mantener la temperatura de las plantas por encima de 0 °C.

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Así pues, la temperatura húmeda, en relación con la higrometría, desempeña un papel muy importante en la previsión de las condiciones meteorológicas y permite poner en marcha de manera razonable el método adecuado de protección contra las heladas (aspersión, calefacción o circulación del aire).


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